martes, 7 de abril de 2009
"Efemeridad"
BH2C
Duerme, pequeña,
que lo bueno se te escapa
entre los deditos de los pies,
viendo como pasa otro amanecer
y otro y otro y otro más,
en sueños, no realidades.
Perdiendo miradas que petrifican,
o besos robados,
o una simple canción que hace que el vello se te erice.
Efímero, pero crónico.
Es lo que espera asomada a su balcón,
observando desde un nivel superior,
no por ello mejor, sino desde distinta perspectiva.
Crónico para rellenar esa sucia libreta
que lleva años tirada bajo la cama que,
cansada de escribir una o dos líneas a lápiz,
prefirió no dejar constancia
porque no merecía la pena
recordar aquello que no fue significativo.
Efímero, pero crónico.
Enfermizo, duradero, fugaz y real,
no como pueda pintarlo una película,
como ella quiere sentirlo:
con el color de un atardecer en invierno,
con olor a libretas nuevas y
textura de mar.
Sólo pide eso.
viernes, 20 de febrero de 2009
Cómoda rutina.
Por Nalen Quijano. (BH2C)Despertarse, levantarse
adormilado, difuso ante el espejo, humano quizás,
estridente, estresado.
Sonreir a medias, captar miradas,
enriquecer el negocio del antifaz
vestirse de humilde, de poeta bohemio, único.
Llegar a casa, taparse hasta las cejas, soñar
o, simplemente, dormir,
quitarse el atuendo
y roncar como el animal que siempre has sido.
lunes, 1 de diciembre de 2008
En esa casa faltaban muchas cosas (fragmento)
El baño era lo último que me quedaba por explorar. Las fotos que habían pegadas en el espejo era un asunto que me despertaba una tremenda curiosidad. Era un aseo pequeño, con un plato de ducha y su correspondiente mampara, un váter sin tapa que, a saber lo que habría hecho aquel tío con ella; y un lavabo con un mueblecito blanco debajo de éste. Me agaché y abrí las hojas. A simple vista sólo veía en su interior rollos de papel higiénico y diversos botes de champú y gel de ducha. Revolví un poco más y encontré una caja de color celeste. Me costó sacarla de ahí, pues estaba al final del mueble pero, gracias a mi agudeza visual, supe que había más cosas que simples útiles de aseo. La caja estaba recubierta por una fina capa de polvo. Al parecer, llevaba años y años ahí escondida. Soplé y el polvo huyó de la superficie plana. Quité con los dedos de mi mano derecha el resto de los residuos y, sentada en el suelo, la abrí. Para mi sorpresa, la caja estaba a rebosar de fotos: polaroids, de papel perlado, incluso negativos. Encontré fotos más recientes y otras, antiquísimas. También pude diferencias fotos de carné, hechas en fotomatones, por lo menos había siete tiras de estas. Todas eran distintas: diferentes colores, texturas, olores, edades, personas...
Aquellas fotografías me contaban una historia que no supe entender. Empecé a sacarlas y a esparcirlas por el suelo del baño, así, las vería con más detalle. En el fondo de la caja encontré fotografía rotas, quemadas e, incluso, cortada a salvajes tijeretazos. Las tijeras también estaban guardadas en la caja, plateadas y tan relucientes que podía contemplar mi rostro cansado en una de las afiladas cuchillas. Empecé a examinar las fotos que estaban rotas. A la mayoría de ellas les faltaba una de las mitades, pude encontrar tan solo dos fotos completas, las demás a saber dónde habían ido a parar. Pude distinguir un bebé, un niño de siete u ocho años en bicicleta y a Adrián ya bastante crecidito. Supuse que todas estas figuras se trataban de él pero, no podía asegurarlo todavía.
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