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miércoles, 23 de febrero de 2011

Una cámara "indiscreta"

¡Hola a todos los charlatanes!
Me está gustando vuestra participación en el debate sobre las cámaras de vídeo-vigilancia en las aulas. Y leyendo vuestros comentarios y opiniones, de pronto, me doy cuenta del día en el que hemos acabado (¡cómo pasa el tiempo!). Hoy es 23 de febrero. No sé si a vosotros os dice algo esta fecha. Debería, porque si tal día como hoy de hace 30 años (1981) los sucesos hubieran discurrido por otros derroteros, posiblemente vuestras pequeñas vidas en las aulas, esas experiencias que tenéis de aprendizaje y educación, esa convivencia con compañeros, profesores, asignaturas, etc, etc, no serían las mismas... ¿Para bien o para mal? Evidentemente, ¡¡¡¡para mal!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Para muy mal!!!!!!!.
Pero no es la valoración de aquel hecho histórico lo que pretendía contar aquí, sino algo más relacionado con las cámaras de vídeo-vigilancia. En aquella ocasión, el mundo entero fue testigo de lo que sucedía dentro del Congreso de los Diputados gracias a que un valiente periodista decidió dejar abierta "por error" su cámara de televisión, y eso a pesar de la amenaza de muerte que le llovió encima, con cañón de ametralladora incluido. Así que esa cámara se convirtió, no en testigo incómodo, o violador de "intimidades", sino en ojo que mostraba de manera objetiva e inmediata el comportamiento humano. Y ha servido para hacernos mejores.
Y pienso: si eso es válido para un hecho histórico, no veo por qué no puede ser válido para el día a día en un aula...
Os dejo el testimonio histórico:

viernes, 18 de febrero de 2011

Cámaras de vigilancia en las aulas.

La noticia está conmocionando el mundo de la enseñanaza  (especialmente el sector de los estudiantes) y últimamente no se habla de otra cosa. Hemos podido saber, de fuentes generalmente bien informadas, que las autoridades educativas estudian la posibilidad de instalar cámaras de vídeo-vigilancia en las aulas de todos los IES con objeto de que los padres puedan saber, en tiempo real, qué hacen sus hijos en clase. 
El proyecto cuenta con el beneplácito de la mayor parte del profesorado, porque este colectivo entiende que la calidad de la enseñanza pasa por el compromiso de los padres de implicarse en la educación de sus hijos y este sistema favorecería esa tarea. Los padres accederían a información directa, vía internet, de manera muy cómoda y rápida, con solo introducir una clave que a tal efecto se les facilitaría. No solo podrían comprobar el trabajo que estuviera desarrollando su hijo en el aula en ese momento, sino que además tendrían acceso a una base de datos personalizada con información actualizada de calificaciones, faltas de asistencia sin justificar, partes de disciplina y otras incidencias.
Por su parte, los representantes de los alumnos han amenazado con denunciar  este proyecto ante el Defensor del Pueblo Andaluz y Defensor del Menor, por considerar que atenta contra l e derecho a la privacidad. 
La polémica está servida...

lunes, 17 de enero de 2011

Un modelo. Toshiro Kanamori.

¡Quién no hubiera deseado este modelo de escuela, de alumnos, de maestro...!


Dejad comentarios sobre vuestro modelo de escuela.

domingo, 23 de noviembre de 2008

La magdalena del "sabio".

Por Alba Mª Chacón (BC2)


Un día a un hombre le fue entregada una magdalena.

No sabía por qué ni para qué; ni siquiera sabía si le darían otra cuando se comiera esa. Simplemente se la dieron.

De pronto, varios interrogantes surgieron en su cabeza. ¿Por qué esa magdalena y no otra? ¿Qué sentido tenía que se la hubieran dado? ¿Para qué la quería?

Así, comenzó a sentir curiosidad por su composición química, el porqué de su forma, por qué estaba envuelta en ese tipo de papel y no en otro, qué era lo que la hacía tan blanda y esponjosa… Su mente empezó a divagar buscando respuestas a estas cuestiones que sin lógica alguna atormentaban su alma. La angustia de no saber anidaba en lo más profundo de su ser. Anhelaba conocer más y a cada respuesta encontraba otro interrogante.

Tan ofuscado estaba examinando la magdalena que no se percató de que el tiempo no pasaba en vano por ella. Su exposición al ambiente la deterioraba por momentos: se endurecía poco a poco, los insectos la picaban, una ligera capa de moho empezaba a recubrirla… pero estaba ocupado analizando los datos de su investigación y dejó de lado el pequeño pastel. Sólo quería saber por qué se lo habían dado y con qué fin; el pastel en sí pasó a un segundo plano. No percibió que se estaba echando a perder y que sus oportunidades de aprovecharlo, o mejor dicho disfrutarlo, se agotaban.

Para cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. La magdalena se había podrido y él no había sacado nada en claro. Ya no importaba de dónde venía o quién se la dio, sólo sabía que la había perdido.