Escrito por Alba Mª Chacón Coronado
BC2“Ahí está.
Uf, no sé qué hacer… ¿Me acerco y le digo algo? ¿Y si no es como creo que es?
Si no me atrevo nunca lo sabré…
¡Qué nervios! Cada vez que lo veo me entra un no se qué…
Cuando se mudó a mi planta y lo vi por primera vez me enamoró, pero aún viviendo tan cerca nunca se fijó en mí. Tal vez sea que no le gusto, o a lo mejor es que en todo este tiempo él no ha sido...
¡Ay, está bajando! ¡Y con qué elegancia y parsimonia se dirige al fresco césped de la mañana! Podría pasarme el resto de mi vida observándolo, aunque él no supiera nunca de mí… Oh, es que es tan… tan… maravilloso. Mmm…, maravilloso se queda corto. Es indescriptible, sencillamente genial…
Me estoy montando una película en la cabeza sin fundamento alguno. Lo que tengo que hacer es acercarme de una vez por todas y dejarme de tonterías. ¿Pero y si no es lo que creo? Se está muy bien aquí mirando desde lejos y arropada por la dulce, dulce ilusión que me he creado, pero no deja de ser una ilusión, un espejismo tonto. Debo saber qué es. Sí, lo he decidido, debo comprobarlo y salir de dudas. Aprovecharé el momento ahora que está solo.”
Hice un acopio de valor y salí de mi cómodo puesto de vigía para acudir a su encuentro. Lenta y tímidamente me arrastré babeando hasta donde estaba. El camino se me hizo eterno, pero saqué fuerzas de lo más profundo de mi enamorada alma y lo alcancé.
Allí estaba, más cerca de lo que nunca estuve. Él me miraba intrigado. Entonces se lo pregunté:
‒ Verás, yo… quería preguntarte si… Tú ahora mismo qué eres: ¿un caracol macho o uno hembra?